mecidiyeköy escort mecidiyeköy escort mecidiyeköy escort mecidiyeköy escort mecidiyeköy escort mecidiyeköy escort mecidiyeköy escort mecidiyeköy escort mecidiyeköy escort mecidiyeköy escort - Hacienda La Soledad

historia

Los orígenes de la hacienda

La Historia de la Hacienda La Soledad la Nueva ha sido investigada por las Doctoras María Parias y Mercedes Gamero, profesoras e investigadoras de la Universidad de Sevilla, en base a Fuentes Públicas (Protocolos Notariales de los siglos XVI al XIX) y la consulta del Archivo Privado de Gómez de Barreda. El resumen de sus trabajos es el que a continuación se expone:

La Hacienda de La Soledad la Nueva (vulgo La Soledad) es el caserío de una hacienda de olivar, explotación agrícola típica de la provincia de Sevilla. Por su importante volumetría y también por sus aspectos estéticos y decorativos –fielmente recuperados en el presente- puede decirse que está entre las primeras construcciones rurales del Barroco sevillano. Pero dado que la visión del presente no es más que el resultado de una larga trayectoria económica y social, tratemos de aflorarla. En la historia de la Hacienda hay varias etapas, que se corresponden con tres claras vías de acceso a la propiedad de la misma, con la evolución de sus cultivos, y con el engrandecimiento de su caserío.

En una primera etapa, que podríamos fechar entre los siglos XVI y XVII, vemos cómo pasan estas tierras -que debieron pertenecer en origen a la familia de los Guzmanes, como la Hacienda de Guzmán o el Lavadero de Santo Domingo- a manos de la poderosa familia de banqueros ESPINOSA, con un interregno de 48 años en que es propiedad “en fideicomiso” de la Casa de OLIVARES (1578-1626).

Las primeras referencias de esta finca se remontan a una heredad de 1542 (1) . En esa fecha ya se constata la existencia de una Heredad de olivar conocida como de los ESPINOSA, lo que queda recogido en el testamento del banquero PEDRO ESPINOSA EL VIEJO a favor de sus seis sobrinos varones ( hijos de su hermano) para los que fundó cuatro vínculos. ALONSO DE ESPINOSA, uno de sus sobrinos, se convertiría en dueño de la misma (2) . El testamento de PEDRO ESPINOSA EL VIEJO atestigua que la poseía y por tanto que existía una heredad con ese nombre. Y no creemos que haya que remontarse mucho antes en su historia puesto que en la relaciones de Hernando Colón, hijo del Almirante, se refiere que toda esta zona de Alcalá eran montes de palma. Durante este tiempo será conocida como Heredad de los Espinosa o los Pinosa (sic)

En 1624 la finca tiene problemas económicos pero el hecho de estar vinculada impedía su venta total o parcial como posible solución. En la escritura hay una larga explicación sobre estos problemas en los que aparecen, como acreedores de los banqueros Espinosa, los duques de Medina Sidonia y Alcalá y el Conde de Olivares. Este último pretendía que ciertos bienes, o su equiparable, debían volver a la línea de los Guzmanes. En 1578, la Real Audiencia de Valladolid adjudicó la Hacienda de los Espinosa en Alcalá al CONDE DE OLIVARES y al Montefideicomiso que fundaron en Olivares don Enrique de Guzmán y Doña María Pimentel(3) . Los sobrinos Espinosa entraron en un largo pleito y se llegó a un acuerdo con el entonces Conde-duque para que restituyera la Heredad, cosa que hizo a favor de FRANCISCO ESPINOSA Y GUZMAN en 21 de julio de 1626 en cuyas manos estaría hasta 1699.

Su pasado económico, mientras estuvo vinculada a la familia de banqueros sevillanos Espinosa, siglos XVI y XVII , la situaron en el centro de un negocio comercial que fue relegando los viñedos a favor de los olivares, aceites, lanas, obteniendo la adjudicación de la fabricación de todo el jabón blanco y negro del arzobispado de Sevilla (incluyendo Cádiz). Tanto Pedro como su hermano Alonso Espinosa manifestaron en sus testamentos escrúpulos de conciencia por sus préstamos a interés, e incluyeron clausulas de restitución a los agraviados si sus prácticas eran contrarias a la doctrina del Concilio o Las Cortes. Respecto a la Heredad no tenía la importancia, que tendrá como Hacienda en el siglo XVIII. Ya se justifica en la escritura de venta de 1699 “que por estar los dueños tan distantes de esta ciudad y la heredad en poder de administradores y arrendadores, se le han usurpado pedazos de tierra y se han perdido olivos” de las 139 obradas y 3 pies que se hacía constar como extensión. Y en cuanto al caserío, aunque se describía descuidado y casi ruinoso todavía tenía una parte en pié y dos molinos “ de los cuales el uno estava corriente y el otro hundido y un almasen de azeite en el que havia cuatro mil @ de vasijas amas dela q estava en el cuerpo y cruxia de la viga” y un molino funcionando”

Podría acreditarse la existencia de una segunda etapa que supone la “refundación” por Don ADRIAN DELGADO AYALA de la, a partir de ese momento, denominada Hacienda (no heredad) La Soledad La Nueva, lo que denota que se han producido grandes cambios. El nombre de La Soledad no resulta infrecuente al estar vinculado a la adoración mariana de una antigua cofradía nobiliaria. Un azulejo de la Virgen preside la portada principal barroca al tiempo que, en forma de talla vestida de luto, se entroniza en el Oratorio anejo al señorío. No debe confundirse esta Soledad la Nueva con La Soledad al sitio de Patarín, estudiada por la profesora Gamero y que hacen pasar por ésta en el libro de Cortijos, Haciendas y Lagares. Provincia de Sevilla. Junta de Andalucía (2009).

El Capitán Don ADRIAN DELGADO AYALA, Caballero de la Orden de Santiago , alto cargo de la Casa de Contratación, e inscrito como sus hermanos en el Consulado de Cádiz, compró la Heredad en 1699, a los descendientes de Francisco Espinosa en 11.000 ducados (unos 122.000 rsv) y lo hizo con el capital de la dote de su difunta mujer doña Águeda María Montero (125.047 pesos de a diez reales de plata y 19.095 rsv). En 1701 la reconstruye “desde sus cimientos” –como dice el documento de compraventa a Félix Angiano-, y le da el nombre de Hacienda La Soledad la Nueva. Esta fecha aparece en la Portada que, a la derecha, comunica el Patio de la Fuente o del Señorío con el Patio del Molino (o la almazara). Es la fecha que se lee también en la fachada del señorío, escrita con números romanos intercalados en los arcos. Existiendo también otra fachada que da a la Huerta; y vivienda alta y baja comunicadas por escalera principal. Por tanto se evidencia que la parte más noble de la edificación se hace en estas fechas. A destacar, en el Patio del Señorío, el edificio principal con su mirador y la galería abierta sostenida por delicadas columnas califales, cerrándose en un extremo con un precioso oratorio –ya citado- con retablo en madera y columnas de estípite presidido por la Virgen. Resaltando la profusión de pinturas al fresco en los paramentos enfoscados de mirador y fachada, entre los que destacan un auténtico repertorio de la decoración de la época: grecas griegas, columnas salomónicas, animales exóticos, relojes de sol y los espectaculares escudos familiares por duplicado (conservados hasta nuestros días ocultos por la cal y recuperados). A la derecha, la citada Portada de separación entre patios, centrada en una valla almenada, con decoración de caritas esculpidas, que se repiten en todas las torres del complejo arquitectónico. A la izquierda del patio, un elegante lienzo de fachada, con decoración de figuras antropomórficas y relojes de sol, que parece de factura más antigua al estar cercenadas puertas y ventanas por la construcción posterior que cierra el Patio del Señorío. En dicha construcción se levanta una espectacular “Entrada porticada” con su campanario o espadaña (todavía con una sola campana) cuya decoración y envergadura irán acomodando sus sucesivos propietarios. Finalmente no pasa desapercibido el Patio del Molino con sus tinajas de sol y tránsito a la grandiosa almazara, con todos sus pertrechos con dos cuerpos de molino y dos vigas, que obliga a una importante torre de contrapeso, con palomar en el extremo superior. La almazara es la que da todo sentido a la hacienda: es la fábrica de transformación de la aceituna en aceite y también la responsable de todas las dependencias del edificio: cuartos, habitaciones, corrales, cuartos de cocina y capataces, atahona, galerías, 2 caballerizas, tinahon, pozo y pilar, atarazanas, graneros… ochenta y cuatro tinajas de asiento y ochenta y cuatro @ de buque que están en el almacén de sol… Sorprenden los elementos decorativos del interior del molino, no ajenos a otras dependencias de la hacienda como las atarazanas o el lagar, que hacen de esta construcción industrial un armonioso edificio factible de tener hoy día otros usos. Sin olvidar la huerta, con su alberca y noria, de 3 ar y 6 estadales, bajo una cerca, donde abundan los cítricos , granados y sidras, seguidos de manzanos, perales, damascos…(sobre la que en la etapa posterior se hará la gran huerta de cítricos); y una zona de esparcimiento de dos calles con parras altas y vestidas de rosales mosqueta que rematan junto a corredores con jazmines . Este sucinto y elegante ajardinado llegará, más o menos intacto, hasta la época de Dña Carmen Lasso de la Vega (ver última etapa) e, incluso, se ha querido recrear en nuestros días . Al lado de todo ello el huerto de riego de plantíos y legumbres para el arreglo de la casa, que igualmente se mantendrá hasta el siglo XX. Respecto al negocio agrícola, en los años sucesivos, Delgado Ayala se dedica a engrandecerlo rescatando las tierras usurpadas a los Espinosa mediante diferentes autos y querellas en la villa de Alcalá, desmontando y plantando el olivar perdido (más de 70 aranzadas en estaca) y comprando nuevas tierras, en los sitios de Palmete, los Notarios, Pedro Domínguez (Peromingo)…en las que fue realizando plantaciones de olivar. En el documento de aprecio de 1728, previo a la venta a Anguiano, se especifican 330 aranzadas 7/8 de olivar y entre ellas 100 aranzadas de tierra calma , más 77 aranzadas no continuas de tierra calma valoradas el total de las tierras en 340.119 rsv. En resumen y tras la compra de la Heredad con el dinero de su mujer Delgado Ayala: reedificó el Caserío y uno de los molinos que estaba hundido -de ahí el nombre Hacienda La Soledad “La Nueva”- aumentó el tamaño de la finca por compra y recuperación, extendió la plantación de olivar… Todo lo cual hizo que tuviera que hacer frente a estos gastos con la toma de importantes gravámenes, cuyos capitales de tributos ascienden a 59.900 rsv impuestos sobre la Hacienda. Los beneficios de la explotación no alcanzaron a cubrir gastos ya que en 1700 murió Carlos II y durante 15 años la Guerra de Sucesión supuso el bloqueo de las costas por Inglaterra y el consiguiente daño del negocio. A todo ello se añade que no quiso malversar la parte de la herencia de sus 9 hijos (se compró con dinero de su madre) y como dice el testimonio a su favor de Mathias Blanco con la venta “ se liberta de los gravámenes de los sensos q tiene tomados…y quedando residuo al dho Don Adrian poderlo aplicar al trafico y comercio q rredunde a mas utilidad y beneficio de sus hijos…“ Para la venta judicial se realizó un aprecio de edificios y tierras que importó 526.146 rsv de los cuales habían de bajarse los capitales de los tributos o gravámenes . En efecto, la reconocida ruina de don Adrian Delgado Ayala lo obligaría a vender, en 1728, a don FELIX ANGUIANO, un comerciante matriculado en el Consulado de Cádiz. El 5 de febrero de 1728 se realizó el remate de la Hacienda por 46.000 ducados (unos 510.600 rs.v) a favor de Don Juan Andrés Cortés , que una vez pagados los tributos quedó en 443.580rsv, declarando haberla comprado para Don Félix Francisco de Anguiano(4) .

El denominador común de ambos compra-vendedores es que son ricos y emprendedores comerciantes. Aprovecharon sus redes comerciales con Indias (a través de Cádiz) o Europa (especialmente Inglaterra) para comercializar también excelentes lanas , jabones y cítricos. La revolución industrial inglesa fue una importante clave de su gran despegue económico en el siglo XVIII, como aconteció al resto de las haciendas sevillanas. Andando el tiempo, el modelo de explotación económica, cada vez más ambicioso, obligaría a modificar y modernizar la primitiva almazara, una de cuyas últimas reformas se hizo en 1879; a la vez que se agregaban nuevos patios a los dos primigenios “del molino” y “del señorío”, hasta completar un total de cuatro. El más reciente, el de entrada, de trasiegos y labores ( con portada decorada por escudos en azulejería) deja a la derecha el llamado patio “de los mulos” o del ganado con un importante abrevadero circular. A él se llega a través de una espectacular fachada mirador ( que no tenemos fechada), que se alcanza por una torre (con escalera de caracol) decorada con la redundancia del barroco: ladrillos cubiertos de mortero y redecorada con ladrillos pintados al fresco, lacerias y muestrarios de ornamentación clásica. Y en la fachada de enfrente una tapia, de fecha anterior a 1728, a la que hay adosado pilar y, frente a ella, un pozo. Pero no adelantemos acontecimientos. Lo que es evidente, en estas fechas, es que la grandiosidad del Barroco ya ha cuajado plenamente en las Haciendas de olivar de Sevilla pero en ésta de manera especial: no hay portadas sin decoración de pinturas al fresco, ni miradores sin profusión de elementos ornamentales, ni sillares de piedra revisitados por el mortero y la pintura, o cartelas enredadas con lacería que tratan de explicar la venturosa vida de sus moradores. A destacar, la preciosa fuente decorativa que Anguiano coloca en el Patio del señorío por la que desembolsó 6000 rsv, tanto como la mitad del beneficio de la venta de su patrimonio santanderino. Por lo demás en los diez años que la disfrutó Anguiano no consta, en las descripciones de las escrituras de compraventas, que se realizaran reformas de envergadura como las que llevó a cabo Delgado Ayala, o las que realizarán los siguientes propietarios. En realidad se había encontrado con dificultades semejantes a las de su antecesor para el mantenimiento de la hacienda.

Y de esta manera llegamos a una tercera etapa marcada por la fecha de 1737 cuando D. Felix Angiano vende la Hacienda a la familia GÓMEZ DE BARREDA, en manos de cuyos descendientes permanecerá hasta nuestros días. Como ya se ha visto el caserío había soportado ya una importante remodelación y profusa decoración centrada en el Patio del señorío. Delgado Ayala explicaba en su testamento “…que lo había levantado desde sus cimientos y que ello la había costado su fortuna…” . La suerte tampoco había acompañado a Anguiano , pero ahora iba a quedar en manos de un nuevo y valioso emprendedor.

¿Quién era D. FRANCISCO GÓMEZ DE BARREDA Y SAMANO?. Nacido en 1673 en Saro( Santander). Sargento Mayor del regimiento de Trujillo y más tarde en el Regimiento reformado de Asturias. El documento de la compraventa reza: Caballero de Santiago y del Consejo de Hacienda de su Majestad en su Contaduría Mayor de Quentas, llegó Andalucía con el importante mandato político real de convertirse en: Intendente y Administrador General de las Reales Fábricas de Tabaco de esta ciudad y su Reinado y de las Reales Aduanas de ella… Según J. Gordillo, en su libro sobre la Fábrica de Tabacos, no cree que fuera superintendente o Jefe de toda la Fábrica, sino más bien de la Fábrica de “cigarros”. De este cargo fue desfenestrado como consecuencia que se opuso a la reforma de 1740. Su asimilación sevillana pasó por casarse con la carmonense Mariana Josefa Pérez García, vinculación que fue sellada por la pronta inversión en tierras, donde la Hacienda de La Soledad fue su buque insignia. La superficie comprada en 1737 es similar a la de la compraventa anterior. Bajo la linde de la hacienda unas 330 aranzadas de las que 100 son tierra calma; y, en superficie discontinua, unas 77 aranzadas más de tierra calma. Esta nueva etapa de la propiedad se iniciará con un aumento de la superficie agrícola comprando en 1737 pedazos de olivar a Antonio Ximenez; y en 1741 la vecina Hacienda de Peromingo o Palmete de 49,07 has por 102.198 rsv a los hermanos Pedro Pablo Ximenez de Ledesma -alguacil mayor perpetuo de Alcalá de Guadaira- y a Pedro de Ledesma, clérigo de menores. Estas inversiones supondrían la consolidación de una gran explotación. El nuevo propietario volvía a tener en común con los anteriores su decisión y arrojo. Vinculado al gremio de los cargadores de Indias y al exportador White atendió el negocio económico del aceite, la lana y las naranjas de una huerta ya especializada en cítricos. En el plano que a principios del siglo XIX genera la Testamentaría de Manuel Gómez de Barreda Aguado, ya puede verse el importante espacio que acabarán ocupando los naranjos amargos . Al mismo tiempo volvió a proyectar sus sueños sobre el caserío: redecoró la portada barroca con la que se cerraba el Patio del señorío, colocando “cartelas” con sus títulos y cargos (parcialmente visibles todavía); y retocó la misma portada, por el flanco del patio de entrada, sustituyendo los escudos de sus antecesores por los propios y ampliando la espadaña con nuevas campanas. Renovó la parte posterior del caserío suprimiendo escalera y cocinas para abrir nuevas dependencias al señorío, decorando –a imitación de la delantera- las dos galerías o loggias de la fachada posterior. Para completar el proyecto acotó, en medio de la antigua huerta de cítricos que llegaba al caserío, un espacio donde colocó un jardín en forma de crucero. El jardín pequeño pero perfectamente integrado en fachada y cerrado en sí mismo, se asemeja a los jardines de claustro medieval orígenes del jardín renacentista o moderno. Lo más peculiar del mismo, no sabemos si de factura posterior, es la disposición de los naranjos enlazados o injertados unos en otros que, en origen, provocarían una sensación de lacería vegetal a la que el paso del tiempo ha quitado primor pero no belleza ni capacidad de admiración. Pero si hay un sitio donde se hace visible la búsqueda de un estilo de vida de alto estatus es en el refinamiento de las pinturas al fresco que realizó en la Cuadra de sus caballos de paseo, a los que representó con sus nombres y observados por un gracioso mozo de cuadra.

En 1740 Don Francisco y Doña Mariana fundaron un mayorazgo para asegurar la continuidad de esta hacienda en su único hijo. El activo principal del mayorazgo es la Hacienda La Soledad a la que se añaden algunas tierras compradas como la Hacienda Peromingo-Palmete. No sabemos cuándo falleció Don Francisco, pero sí cuando lo hizo doña Mariana ( en 1747) dejando a su hijo una cantidad líquida para la mejora de la hacienda. Por el mismo testamento conocemos que ni ella ni su marido aportaron ningún caudal a su matrimonio y que por tanto todo son bienes gananciales. De esta manera cuando él murió dejó 997.652 rs correspondiendo la mitad a la viuda por bienes gananciales. El resto para su hijo al que encarga una memoria específica para seguir plantando la hacienda de olivares u otro plantío(5) .

D. FRANCISCO GÓMEZ DE BARREDA Y PÉREZ, el primero de la saga sevillana, caballero de la Orden de Santiago (ingresó 12 agosto 1738) casó con Catalina Díaz de Lavandero, hija del marqués de Torrenueva, otro importante hombre de Estado (del Consejo de S.M.) y de negocios olivareros ; también propietario de otra cercana y emblemática Hacienda, donde cazaba Felipe V, llamada Mateo Pablo. Don Francisco posiblemente completó el sueño de su padre y siguió las instrucciones de la memoria que le legó. Pero su primogénito entró en pleitos con sus hermanos sobre el caudal de la herencia de su padre y sobre la obligación de aportar 28.000 pesos para la mejora del mayorazgo, lo que da paso a la historia de la división de la gran hacienda.

La última etapa de la historia

Tras dos generaciones en que la línea de Gómez de Barreda, que transmite La Soledad por vía hereditaria, emparenta con los Aguado (conde de Montelirio) y los Varona, se producen dos importantes enlaces que vendrían a solucionar la deriva. El primero fija la unión de dos ramas familiares con el matrimonio formado por D. FRANCISCO GÓMEZ DE BARREDA VARONA y su tía DÑA CATALINA GÓMEZ DE BARREDA MAZMELA (enterrados en la capilla de la Hacienda junto a su hijo soltero), lo que permite reunir en la persona de su hija DÑA MARIA DOLORES GÓMEZ DE BARREDA Y GÓMEZ DE BARREDA, marquesa de Gómez de Barreda, la propiedad de la Hacienda.

El segundo, en esta segunda mitad del siglo XIX, será el matrimonio de DÑA MARIA DOLORES GÓMEZ DE BARREDA Y GÓMEZ DE BARREDA con su pariente D. NICOLÁS MAESTRE LOBO ( biznieto de Doña María Ana Gómez de Barreda Díaz de Lavandero), que predestinará el futuro de La Soledad hacia sus actuales propietarios. Es así porque de la línea primogénita de su hijo mayor, D. JUAN BAUTISTA MAESTRE GÓMEZ DE BARREDA, nacerá D.MIGUEL MAESTRE LASSO DE LA VEGA en cuya persona volverá a reunirse la propiedad de la Hacienda gracias a la herencia de su tía DÑA FILOMENA (hermana de su abuela María Dolores). Su madre, Dña Carmen Lasso de la Vega Quintanilla, gracias a su afición restauradora, le legó un caserío remozado con mimo y buen gusto, pero ignorando las maravillas que se escondían bajo la cal.

Han sido sus nietos los HERMANOS MAESTRE BENJUMEA los que, con la restauración del caserío, acometida desde finales del siglo XX a nuestros días, han hecho aflorar toda la belleza del pasado en los morteros de cal planchados, las pinturas al fresco y los esgrafiados. Al tiempo que le han dado un destino que hará a la Hacienda perdurar por los siglos venideros.

1.Por eso en la última reforma del siglo XX se reprodujo esta fecha en la portada barroca de la posterior Hacienda.

2.Alonso de Espinosa, fue Depositario General de Sevilla y quebró

3.Enrique de Guzmán y Mª Pimentel : condes de Olivares

Gaspar de Guzmán y Pimentel heredero del mayorazgo administra sus bienes en Sevilla desde 1607-1615 en que regresa a la corte como gentilhombre de Cámara . Felipe IV reina desde 31 marzo de 1621 hasta diciembre 1640 (44 años). El conde duque controla la situación pero el año 26 pierde el pleito

4.La compró 11.000 ducados, unos 122.000 rsv.

5.Ambos conyuges, que vivían en la Collación de San Pedro, fueron sepultados en la Capilla de los Burgaleses del convento de San Francisco (hoy desaparecido) porque D. Francisco debió pertenecer al Consulado de Burgos, lo que facilitaría su negocio comercial.